Formando emprendedores: los retornos a largo plazo de capacitar a jóvenes en habilidades empresariales
20 de Marzo de 2026
David Contreras Loya
Profesor-investigador
Laura Chioda
UC Berkeley
Paul Gertler
UC Berkeley
Dana Carney
UC Berkeley
¿Se puede enseñar a emprender?
Cada año, gobiernos de todo el mundo invierten miles de millones de dólares en programas de capacitación empresarial. Solo en países en desarrollo, el gasto supera los mil millones de dólares anuales. La premisa es sencilla: si las personas adquieren habilidades para crear y gestionar negocios, podrán generar ingresos, empleos y, en última instancia, contribuir al crecimiento económico. Sin embargo, la evidencia sobre la efectividad de estos programas ha sido, hasta ahora, modesta y a menudo desalentadora.
Las evaluaciones rigurosas de programas tradicionales de capacitación empresarial muestran efectos pequeños o temporales en las ganancias de los negocios. Muchos programas logran mejoras de corto plazo en prácticas de gerencia, pero estas no se traducen en un crecimiento sostenido de las empresas. ¿Significa esto que no es posible formar emprendedores exitosos? Nuestra investigación, publicada recientemente como documento de trabajo del National Bureau of Economic Research (NBER), sugiere que sí es posible, pero que la clave está en a quién se capacita, cuándo se hace y qué se les enseña.
SEED: un mini-MBA para jóvenes ugandeses
El programa Skills for Effective Entrepreneurship Development (SEED) es una intervención intensiva de tres semanas diseñada como un mini-MBA para estudiantes de último año de preparatoria en Uganda. A diferencia de la mayoría de los programas de capacitación empresarial, que se enfocan en personas que ya tienen un negocio, SEED interviene antes: durante la adolescencia tardía, un periodo de alta plasticidad neuronal en el que las personas son especialmente receptivas al aprendizaje de nuevas habilidades cognitivas y socioemocionales.
El programa fue diseñado a partir de la currícula del programa de MBA de la Haas School of Business de UC Berkeley y elementos del programa Educate!, adaptado al contexto ugandés. Se implementó como un experimento aleatorio controlado a escala nacional, con una muestra representativa de 4,402 jóvenes reclutados de 200 escuelas preparatorias de todo el país. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de tres grupos: una currícula con énfasis en habilidades técnicas o hard skills (contabilidad, finanzas, mercadotecnia y gerencia), una currícula con énfasis en soft skills o habilidades socioemocionales (negociación, persuasión, liderazgo, regulación emocional y toma de decisiones), o a un grupo de control que no recibió capacitación.
La asignación aleatoria es fundamental porque permite establecer una relación causal entre el programa y sus efectos. Al comparar los resultados de quienes recibieron la capacitación con los del grupo de control, podemos atribuir las diferencias observadas al programa mismo, y no a características previas de los participantes.
Resultados: una década de evidencia
Los participantes fueron encuestados en tres momentos: inmediatamente después de la capacitación, cuatro años después y nueve años después. Esta ventana de observación, inusualmente larga para este tipo de evaluaciones, permite distinguir entre efectos temporales y transformaciones duraderas.
Aprendizaje inmediato
Al finalizar las tres semanas de capacitación, ambas currículas produjeron mejoras significativas en conocimientos técnicos y socioemocionales. Los estudiantes de la currícula técnica mejoraron sus conocimientos técnicos en 0.76 desviaciones estándar, mientras que los de la currícula socioemocional lo hicieron en 0.74 desviaciones estándar en su área de énfasis. Es decir, los participantes efectivamente aprendieron lo que se les enseñó, y el aprendizaje fue proporcional a la intensidad de cada componente curricular.
Cuatro años después: más negocios y de mejor calidad
Cuatro años después de SEED, los graduados del programa superaron al grupo de control en múltiples dimensiones. En términos de habilidades, mantuvieron ventajas en conocimientos empresariales y mostraron mejoras en rasgos de personalidad relevantes para el emprendimiento, como la estabilidad emocional, la plasticidad cognitiva y el manejo del estrés.
En el ámbito empresarial, los graduados de SEED tuvieron mayor probabilidad de haber iniciado un negocio (alrededor de 10 puntos porcentuales más que el grupo de control), iniciaron más negocios y acumularon más experiencia empresarial. No solo emprendieron más, sino que sus negocios fueron de mayor calidad: más propensos a ser formales, a tener empleados y a operar con socios. Además, adoptaron mejores prácticas de gerencia en áreas como competencia, administración financiera y manejo de recursos humanos.
Un resultado particularmente notable es que el programa no desincentivó la educación superior. Al momento de la encuesta de cuatro años, aproximadamente la mitad de la muestra seguía inscrita en educación postsecundaria, sin diferencias entre los grupos de tratamiento y control. Los jóvenes capacitados lograron emprender sin sacrificar su inversión educativa.
Nueve años después: ganancias reales y sostenidas
Los resultados más relevantes emergen en el largo plazo. Nueve años después de la capacitación, el panorama empresarial cambió drásticamente para todos los participantes del estudio. La proporción de jóvenes del grupo de control con un negocio activo se duplicó, pasando del 28% al 58%. La proporción de personas con negocios activos convergió entre los grupos de tratamiento y control, lo que refleja la importancia del autoempleo en las economías de África oriental.
Sin embargo, la convergencia en la proporción de personas con negocios no implicó convergencia en calidad ni en desempeño. Los graduados de SEED operaron negocios con ingresos 20% mayores y ganancias 16% superiores a los del grupo de control. En términos concretos, los negocios de los graduados generaron aproximadamente 75 dólares mensuales adicionales en ganancias, lo que equivale a casi dos meses extra de ingresos anuales.
Lo más interesante es cómo lograron estas ventajas. Los negocios de los graduados de SEED no utilizaron más capital ni emplearon más trabajadores que los del grupo de control. Sus mayores ingresos y ganancias provienen de un uso más productivo de los mismos recursos; es decir, de una mayor productividad total de los factores. Este hallazgo es consistente con la idea de que las mejores prácticas de gerencia funcionan como una especie de “tecnología” que eleva la eficiencia de las empresas (Bloom, Sadum, and Van Reenen, 2016).
Habilidades blandas y negociación: ventajas de la currícula socioemocional
Uno de los aspectos más innovadores de SEED fue la inclusión de una currícula con fuerte énfasis en habilidades socioemocionales. Los resultados muestran que estas habilidades tienen un papel complementario importante.
Para medir la capacidad de negociación, se diseñó un experimento de campo en el que los participantes negociaron los términos de una transacción inmobiliaria simulada con incentivos reales. Los graduados de la currícula socioemocional lograron acuerdos significativamente más favorables: obtuvieron pagos iniciales más altos (4.4% más) y fechas de inicio de proyecto más tardías (8.1% más), ambos indicadores de mayor habilidad negociadora.
De manera similar, en una tarea de persuasión en la que los participantes debían convencer a un panel de evaluadores, los graduados de la currícula socioemocional fueron evaluados como más convincentes y con mayor probabilidad de ser contratados. Estas diferencias sugieren que habilidades como la comunicación, la regulación emocional y la capacidad de persuasión no son meros complementos decorativos, sino herramientas con valor económico tangible.
¿Qué explica el éxito a largo plazo?
Mediante un análisis de mediación causal combinado con técnicas de machine learning (Farbmacher et al., 2022), identificamos los mecanismos que explican los efectos de largo plazo del programa. Los resultados revelan que dos canales principales explican la mayor parte del efecto sobre las ganancias empresariales a nueve años.
Primero, la experiencia empresarial acumulada. Los graduados de SEED iniciaron negocios antes en sus vidas y acumularon más experiencia a través de un proceso de prueba y error que les permitió aprender qué funciona y qué no. Este canal explica aproximadamente el 69% del efecto total sobre las ganancias.
Segundo, la adopción de mejores prácticas de gerencia aprendidas durante la capacitación, que explica alrededor del 44% del efecto total. SEED dotó a los participantes del conocimiento necesario para implementar prácticas de administración más efectivas desde el inicio de sus emprendimientos.
Entre las habilidades socioemocionales, la plasticidad (una medida que combina extroversión y apertura a nuevas experiencias) fue el único rasgo con un efecto mediador estadísticamente significativo, explicando alrededor del 16% del efecto total. La plasticidad se asocia con un “espíritu emprendedor”: la disposición a explorar, innovar y adaptarse, rasgos que la literatura en psicología y administración ha vinculado con el éxito empresarial.
Un hallazgo importante es que la experiencia empresarial por sí sola no es suficiente para que los emprendedores adopten buenas prácticas de gerencia. Los análisis de mediación muestran que la adopción de mejores prácticas a nueve años se explica principalmente por el efecto directo de la capacitación, no por la experiencia acumulada. En otras palabras, el aprendizaje por ensayo y error necesita complementarse con conocimientos formales y habilidades específicas para traducirse en una gerencia empresarial efectiva.
Retorno sobre la inversión: evidencia de alto impacto
SEED tuvo un costo de 143 dólares por participante (en dólares de 2021). Bajo supuestos conservadores sobre la evolución temporal de los efectos, el valor presente descontado de las ganancias empresariales adicionales generadas por SEED equivale a 2,893 dólares, lo que representa un retorno de 20 veces el costo del programa. Si se incluyen las ganancias totales (empresariales y salariales), el retorno asciende a 27 veces la inversión inicial.
Estos retornos son notablemente superiores a los reportados por la mayoría de los programas de capacitación empresarial en países en desarrollo. Para poner estos números en perspectiva, los programas tradicionales cuestan en promedio 177 dólares por participante y generan mejoras en ganancias de alrededor del 10%, requiriendo aproximadamente 18 meses para recuperar la inversión. SEED no solo fue más económico, sino que produjo efectos más grandes y duraderos.
Lecciones para la política pública
Los resultados de SEED ofrecen lecciones valiosas para el diseño de políticas de emprendimiento y desarrollo de capital humano, relevantes más allá de Uganda.
Intervenir temprano. Capacitar a jóvenes antes de que ingresen al mercado laboral, durante un periodo de alta plasticidad cognitiva, parece ser más efectivo que intervenir cuando ya tienen un negocio en marcha. La adolescencia tardía representa una ventana de oportunidad para moldear trayectorias productivas.
Combinar habilidades técnicas y socioemocionales. Las currículas que integran conocimientos de gerencia empresarial con habilidades como negociación, liderazgo y regulación emocional producen emprendedores más completos. Las habilidades blandas no son un lujo sino son un complemento esencial de las habilidades técnicas.
La calidad importa más que la cantidad. SEED no aumentó permanentemente el número de emprendedores, ya que la proporción de personas con negocios activos convergieron a nueve años. Lo que sí logró fue mejorar la calidad de los emprendimientos: negocios más formales, mejor administrados y más productivos. Esto es especialmente relevante en contextos donde la mayoría de los emprendedores son “emprendedores por necesidad” que carecen de alternativas atractivas de empleo.
El conocimiento formal complementa la experiencia. La experiencia empresarial es valiosa, pero no sustituye al conocimiento formal. Los emprendedores que combinaron la experiencia adquirida por prueba y error con los conocimientos y habilidades de SEED lograron mejores resultados que quienes solo contaron con la experiencia.
Reflexión final
En un mundo donde las pequeñas y medianas empresas representan el 90% del sector privado y generan más del 50% del empleo, la pregunta de cómo formar emprendedores exitosos tiene implicaciones profundas. Nuestra investigación demuestra que una intervención relativamente breve y económica puede transformar las trayectorias empresariales de los jóvenes a lo largo de casi una década.
SEED no pretendió crear emprendedores de la nada. Más bien, equipó a jóvenes con las herramientas, los conocimientos y la mentalidad para aprovechar mejor las oportunidades empresariales que inevitablemente encontrarían en economías donde el autoempleo es la norma. Los resultados sugieren que invertir en el capital humano empresarial de los jóvenes, con programas bien diseñados que combinen rigor técnico y desarrollo socioemocional, puede generar retornos extraordinarios tanto para los individuos como para la sociedad.
Bloom, N., Eifert, B., Mahajan, A., McKenzie, D. y Roberts, J. (2013). Does management matter? Evidence from India. The Quarterly Journal of Economics, 128(1), 1–51.
Bloom, N., Sadun, R., & Van Reenen, J. (2016). Management as a Technology? (Vol. 22327). Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research.
Bloom, N., Mahajan, A., McKenzie, D. y Roberts, J. (2020). Do management interventions last? Evidence from India. American Economic Journal: Applied Economics, 12(2), 198–219.
Bloom, N. y Van Reenen, J. (2007). Measuring and explaining management practices across firms and countries. The Quarterly Journal of Economics, 122(4), 1351–1408.
Campos, F., Frese, M., Goldstein, M., Iacovone, L., Johnson, H. C., McKenzie, D. y Mensmann, M. (2017). Teaching personal initiative beats traditional training in boosting small business in West Africa. Science, 357(6357), 1287–1290.
Chernozhukov, V., Chetverikov, D., Demirer, M., Duflo, E., Hansen, C., Newey, W. y Robins, J. (2018). Double/debiased machine learning for treatment and structural parameters. The Econometrics Journal, 21(1), C1–C68.
Chioda, L., Gertler, P., Contreras-Loya, D. y Carney, D. R. (2026). Making entrepreneurs: Long term returns to training youth in business skills (NBER Working Paper No. 34637). National Bureau of Economic Research.
Farbmacher, H., Huber, M., Laffers, L., Langen, H. y Spindler, M. (2022). Causal mediation analysis with double machine learning. The Econometrics Journal, 25(2), 277–300.
McKenzie, D. (2021). Small business training to improve management practices in developing countries: Reassessing the evidence for ‘training doesn’t work.’ Oxford Review of Economic Policy, 37(2), 276–301.
McKenzie, D., Mel, S. de, Puerto, S., Salia, S. y Thiam, T. (2023). Rethinking entrepreneurship training: Evidence and a new design. World Bank Research Observer, 38(2), 189–213.
Schoar, A. (2010). The divide between subsistence and transformational entrepreneurship. Innovation Policy and the Economy, 10(1), 57–81.