Mercados de tierras agrícolas y adaptación al cambio climático: evidencia de Minnesota y Wisconsin
Joel Ferguson
Investigador del Nelson Institute for Environmental Studies de la Universidad de Wisconsin–Madison
Joel Ferguson, investigador del Nelson Institute for Environmental Studies de la Universidad de Wisconsin–Madison, presentó, en el marco de un encuentro académico, la investigación Do Factor Markets Facilitate Climate Change Adaptation? Evidence from Minnesota and Wisconsin Farmland Transactions (¿Facilitan los mercados de factores la adaptación al cambio climático? Evidencia de transacciones de tierras agrícolas en Minnesota y Wisconsin).
El estudio aborda los desafíos que el cambio climático plantea para la productividad agrícola y la seguridad alimentaria. En particular, examina si los mercados de tierras pueden funcionar como mecanismos de adaptación al facilitar la transferencia de terrenos a productores con mayores capacidades para responder a condiciones climáticas adversas.
Metodología y dimensiones del análisis
La investigación analiza transacciones de tierras agrícolas en los estados de Minnesota y Wisconsin, Estados Unidos, mediante la integración de registros de compraventa, información geográfica e imágenes satelitales. Esta combinación de fuentes permite examinar los cambios en la productividad, los tipos de cultivo y las prácticas agrícolas antes y después de las transacciones.
El análisis se concentra principalmente en los cultivos de maíz y soya, y evalúa la sensibilidad de su productividad a las temperaturas extremas, así como las posibles modificaciones en las decisiones de producción tras los cambios de propiedad. Entre las prácticas examinadas se encuentran el riego, la labranza de conservación y el uso de variedades tolerantes a la sequía.
Productividad y sensibilidad a las temperaturas extremas
Uno de los principales hallazgos es la menor sensibilidad de la productividad agrícola a las temperaturas extremas después de las transacciones. Antes de los cambios de propiedad, las temperaturas superiores a 30 °C se asociaban con reducciones en la productividad; posteriormente, la magnitud de esta relación negativa fue menor.
Asimismo, las estimaciones muestran un incremento gradual de la productividad agrícola. Diez años después de las transacciones, la productividad estimada fue aproximadamente un 1,7 % superior a la del escenario estimado en ausencia de estas.
En cuanto a los posibles mecanismos, los cambios observados en prácticas como el riego y la labranza de conservación fueron relativamente pequeños. Sin embargo, el estudio encontró evidencia compatible con una mayor adopción de variedades de maíz tolerantes a la sequía. Las diferencias en el uso del agua de estas variedades durante su ciclo de crecimiento podrían contribuir a explicar parte de la menor sensibilidad observada ante las temperaturas extremas.
Implicaciones para las políticas públicas
Los resultados sugieren que los mercados de tierras pueden desempeñar un papel relevante en la adaptación de la agricultura al cambio climático. La transferencia de terrenos entre productores podría facilitar ajustes en las decisiones productivas y en la adopción de tecnologías que contribuyan a reducir la vulnerabilidad de los cultivos.
Durante la discusión académica también se destacó que las decisiones de compraventa y uso del suelo están influidas por factores institucionales, tributarios y regulatorios. Entre ellos se mencionaron los subsidios agrícolas, los seguros de cosechas y los incentivos asociados a la propiedad de la tierra. El intercambio planteó, además, preguntas sobre los mecanismos que podrían explicar las mejoras de productividad, las diferencias entre estructuras de propiedad y la influencia de las políticas públicas en las decisiones de los productores.
La investigación presentada por Ferguson aporta elementos para comprender la relación entre los mercados de tierras y la adaptación de la agricultura al cambio climático. Sus hallazgos destacan la importancia de analizar conjuntamente la asignación de recursos productivos, la incorporación de tecnologías y los incentivos económicos para comprender las condiciones que pueden fortalecer la resiliencia del sector agrícola.